El tiempo es más parecido a una espiral que a una recta. Podemos cortarlo, como con un cuchillo, y en uno de sus cortes, aparentemente igual que cualquier otro, el relato será circular, cerrado en sí mismo. Hemos entrado así de fácil en el mundo de la fábula y en el territorio de los sueños, donde el relato es ficción, en cuanto orden o estructura que otorgará su aparente legibilidad a lo simbólico, dejando de ser crónica. En la categorización de los géneros narrativos propuesta por Northrop Frye, este crítico literario distinguía entre novela ("novel") y "romance", entendiendo por esto último el relato legendario y romántico donde los personajes tienen más de arquetipos que de caracteres. El folklore provee ejemplos puros de romance, la gran literatura, Shakespeare incluido, ofrece formas mixtas, más cargadas de subjetividad cuanto más próximas a lo mítico. Se nos dice que "la mayoría de los romances tienen un final feliz, con un retorno al estado de identidad, y comienzan con un extrañamiento respecto de él". [...]
(Texto para el catálogo de la exposición "Círculo Virtuoso / Ínodo",
Sala Horno, Ciudadela de Pamplona. 2008)
|